Como
quien se despoja de una fastuosa y algo rígida máscara ceremonial,
James Laughlin (Pittsburgh, 1914-1997) se calificaba a sí mismo no
como poeta sino como redactor de poemas. Hasta en eso demostró
tomarle la palabra a Ezra Pound, quien le dijo al joven Laughlin, su
estudiante en la muy apócrifa Ezuniversidad de Rapallo, Italia, que
sus poemas eran lamentables. No sin regalarle un consejo: dedicarse a
la edición. Editar poesía (Pound, más que nadie, sabría cuál)
era tan enriquecedor como leerla, menos improbable que escribirla con
fortuna y por lo general más lucrativo. La poesía podía ser no
sólo un oficio y una vocación sino una empresa. Divulgarla es una
forma de servirla. ¿No era a su vez una manera feliz de invertir su
herencia, de transmutar la vileza del metal en posible nobleza
literaria? Con usura no se construye casa de buena piedra, pero con
dinero se puede fundar una editorial. Pound le dio las señas de
William Carlos Williams, quien se convirtió en su padrastro poético
(el padre de la casa, como lo llama en un poema, fue siempre Ezra).
Así nació la legendaria editorial estadounidense New Directions, de
la que fue fundador, patrocinador y whitmaniano capitán.
Mientras
editaba a medio mundo, Laughlin siguió escribiendo, en casi secreta
aventura. Su poesía es no sólo urbana y civilizada, como la
calificó Octavio Paz, su amigo y primer comentarista en español,
sino doméstica y amorosa. El lenguaje de Laughlin tiene una
deliciosa y algo engañosa sencillez rítmica, y sus visiones están
hechas a un mismo tiempo de ironía y misterio. Al leer y traducir a
Laughlin, uno explora no una estepa, una selva o un desierto, ni
siquiera una ciudad, sino una casa, parecida a las que vemos en los
cuadros de Edward Hopper, pero más sonriente. Su casa es generosa en
cuartos y ventanas; uno de sus acertijos -y placeres- es la
claridad.
Dice Laughlin presentando su propio trabajo: “La
poesía es por naturaleza una exaltada, casi mística escritura. La
poesía trabaja con instrumentos como metáforas y decoración
verbal. Este escritor rara vez aspira a esos altos niveles de
expresión. Sus escritos son a menudo la afirmación de hechos, tal
como los ha dilucidado. Muchos son informes de sentimientos
percibidos, los suyos y los de otros; o un emplazamiento de la
imaginación; o acopios de lecturas de temas concernientes a
escritores clásicos. Hay un mínimo de decoración”.
Ya
sabemos la clave: mínimo de decoración. Es el precepto poético de
Williams convertido en oráculo para escépticos. Los dos personajes
principales de la poesía de Laughlin, el Amante y el Lector,
comparten veneros, perplejidades y re-visiones, pero antes que nada,
un tono.
La
partida
Me
dicen que debo partir pronto
Hacer el largo viaje a ninguna
parte.
Pon las cosas en orden, dicen.
Pero yo siempre he sido
desordenado
Entonces, ¿por qué cambiar ahora?
No hay
demasiado tiempo, dicen.
¿Qué hacer?
Nada muy distinto,
pienso,
a lo hecho hasta ahora.
Mis mejores amigos han
estado
Siempre en los libros.
Leer unas pocas páginas aquí,
otras allá.
Ninguna queja, pocos arrepentimientos,
Gracias a
todos.
Martha Graham
Tierra
y agua aire
Y fuego su cuerpo
golpea el suelo
fluye
flota
parece arder
se calcina a sí mismo
hasta que
no hay cuerpo
en absoluto
sólo los puros
elementos en
movimiento como
la música se mueve
desde ella hacia
nosotros.
Lo que me dijo el viejo beduino
Una
vez en mi largo pasado
Había tanta lluvia
Que muchos de los
animales murieron
Hierbas y hojas
No podían nacer para
alimentarlos.
Y una vez en mi largo pasado
Había sonidos
más terribles que el trueno
Caí cuando la tierra cedió,
agitándose bajo mis pies
Parte de las montañas se derrumbó en
el desierto
Y el mar invadió la tierra.
Y una vez en mi
largo pasado
El sol se acercó demasiado a la tierra
Cada día
más y más cerca
Un desajuste del orden celeste
Primero los
lagos se secaron, luego los arroyos, después los manantiales
Sólo
la gente de los glaciares en las montañas sobrevivió.
En mi
largo pasado he conocido estas abominaciones
contra la naturaleza,
estas mortales maravillas.
En
árabe no hay equivalente exacto para nuestra palabra “historia.”
Un beduino podría decir “en mi largo pasado” (Nota
del autor).
Algunos de nosotros vinimos
a
vivir dentro de sus Cantos
como en un palacio diez veces
más
grande que Versalles tan-
tos cuartos tantos corredores
una
corte de inconformes y
esas enormes galerías con sus
vistas
interminables de un pasado
que nadie más ha visto tan bien
o
entendido mejor los espejos re-
flejándose unos a otros
creando
rimas entre ideas es la casa
del padre de muchas
estancias
con un lugar para cada uno
de nosotros lugares
para todos.
(Para Ezra Pound)
La diferencia
Después
corrí
Hacia el mar
Y nadé
Un buen rato ella
Me
siguió pero
No entró en el
Agua y yo pienso
Quizá eso
significa
Todo pero quizá
No significa nada
Nadé mucho
era de
Noche en las olas.
Sono Io l`Amore
Eso
me susurró
mientras caminábamos al lado del mar
cerca del
abandonado templo griego
de Pestum. Soy el amor me dijo
con un
acento que apenas pude comprender.
Una muchacha campesina a la
sombra del templo
pastoreando unas cuantas cabras en la
pradera.
No era bella pero había
tanto brillo en su cara. Sono
Io l´Amore.
Dejó pastando sus cabras y juntos caminamos a lo
largo
de la playa en el fresco del verano.
No intenté hacerle
el amor,
hubiera sido una profanación.
Por momentos se
transformó en sierva
del templo. Sono Io l´Amore.
Nunca la
volví a ver; tenía que manejar
hasta Salerno para encontrarme
con amigos.
Eso fue hace medio siglo.
Pero a veces ella vuelve
a mi memoria
y la escucho hablar con ese acento
que apenas
puedo comprender.
Sono Io l´Amore.
Traducción
de L.R. en colaboración con Daniel Pérez La Manno. Una selección
más amplia fue publicada por la revista tsétsé,
dirigida por Reynaldo Jiménez y Carlos Riccardo en Buenos Aires.