Un rostro
Los rizos bailan, enredados,
Los zarcillos se agitan,
El maquillaje cede
Bajo los finos hilos de sudor,
La mirada languidece después
del placer.
Duradero sea en sus favores
Ese rostro de mujer
Que en el goce se te montó a
horcajadas:
¿Para qué, dime, invocar a
otros dioses?
De La centurie (Poèmes amoureux de l’Inde ancienne). Traducción francesa de Alain Rebière.