sábado, 13 de junio de 2009

De Nuno Júdice


En Lisboa

Entras al café y te sientas en la mesa
aún sin limpiar, como si no tuvieras
elección. Apartas de ti el cenicero, la taza todavía
tibia, el vaso de jugo bebido hasta la última
gota, y sacudes los cabellos para disipar
las sombras que allí estuvieron. Tus ojos
se fijan en el techo, donde una tela
para atrapar moscas es huella de un verano ya antiguo.
Manchas de humedad y de humo,
yeso a la vista, componen el cuadro
abstracto donde buscas un sentido
a lo que te falta. Tus manos vacilan sobre
las piernas, como si no hubieras decidido
qué hacer. Pero si volvieras a salir,
¿adónde irías, ahora que cayó la noche y ya no
se ve quién pasa detrás de la ventana? Y
si te quedaras, ¿quién podrá llegar, a esta hora,
para no dejarte solo contigo mismo, en esa mesa que
los mesoneros demoran en venir a limpiar? Sin saber
porqué, guardé tu imagen, y ando con ella
en este poema que sabe tu nombre, sin nunca
decirlo, como si le hubieras pedido secreto.
De A matéria do poema (Lisboa, 2008).