En 1981 apareció en Nueva York Falkland road, de Mary Ellen Mark.
Era el tercer libro de esta fotógrafo prolífica, ya entonces con admiradores de renombre (su segundo libro, Ward 81, sobre un centro psiquiátrico
para mujeres en Oregon, EEUU, lleva prefacio de Milos Forman; el cuarto fue un
seguimiento de las Misiones de Caridad de la Madre Teresa en Calcuta.)
Eliot Weinberger escribió una reseña de
aquel ensayo fotográfico. Su
asunto -una vez más- era la mirada occidental sobre Asia. Después de las leyendas,
elucubraciones y sátiras de la India vista desde la Europa medieval, después de
la misión de Matteo Ricci en la corte del emperador Wanli, Weinberger escudriñaba
una visión más contemporánea.
Esta vez la materia era factual, no
legendaria; esta vez no era la corte del emperador sino el barrio de la de la
prostitución de Bombay (ahora Mumbai).
Falkland road no
era exactamente Falkland road. El
barrio –informaba Weinbenger- está a
corta distancia de Bombay Central (la estación de ferrocarriles, lugar de paso de millones) y de la Torre del Silencio, la morgue sagrada de los zoroastrianos.
Era así como Weinberger, con su
inclinación por las grandes narrativas mitológicas, veía esa intersección: “Los
tres forman un delta de pasaje: pasión, peregrinación, muerte”.
Una de las diferencias evidentes entre Falkland
Road, el barrio, y Falkland Road, el
libro, era la miseria del primero y el lujo del segundo.
La crítica de Weinberger no trata solo
de la mirada de Mark sino de la fotografía misma. La fotografía siempre ha sido
un intento de capturar la extrañeza: primero de nosotros y nuestro entorno,
luego de las regiones y las circunstancias al otro lado de la frontera. De
forma generalizada, es un sueño de omnisciencia sin participación: “El sueño de
la fotografía: ver todo lo que hay en el mundo: a saludable distancia”.
El fotógrafo como voyeur, en este caso tanto del erotismo como de la miseria. Weinberger señalaba la falta de
contexto cultural, político, social, religioso y estético de esas imágenes. Contexto
y complejidad: comprensión. En las fotografías de Falkland Road aparecía la nueva mirada occidental: Asia como museo
y como bestiario cosmético, no como realidad viva. (Un ejemplo a
contracorriente es el trabajo que el fotógrafo E.J. Bellock realizó en los
prostíbulos de Storyville, en Nueva Orleans circa 1912.)
Había demasiadas omisiones en esa
mirada: “En estas fotografías
siempre sentimos a Mark como una extraña, ajena a la tensión producida por el
choque cultural y que podría dar como resultado un trabajo más interesante. Sentimos,
en cambio, una lejanía simple y adormecida. El efecto es apabullante: la
prostituta, ejemplo extremo de la persona como objeto sexual, aparece
convertida aún más en objeto”.
No es difícil ver en esa “lejanía
simple y adormecida” uno de los rasgos de lo que Edward Said famosamente bautizó como orientalismo: una mirada ajena que no se
acepta tal, un embellecimiento pretendidamente
humanitario (o no) de los retratados. Las fotografías de Mary Ellen Mark eran
una imagen del erotismo contemporáneo indio, a la vez borderline, domesticado e
inocuo.
Así describía Weinberger la portada de Falkland Road: “Es una fotografía de
revista de modas: la mujer está que corta la respiración, pero vacía; mira a la
cámara y a nosotros con la altivez y la hostilidad de las modelos; no revela nada”.
El mundo visto como extensión no
declarada de nuestros sueños (pesadillas incluidas) y ventanas: una forma de escondernos y de borrarlo.
Cómo nos hemos acostumbrado.
Cómo nos hemos acostumbrado.