lunes, 28 de octubre de 2013

El sueño de la lejanía

En 1981 apareció en Nueva York Falkland road, de Mary Ellen Mark. Era el tercer libro de esta fotógrafo prolífica, ya entonces con admiradores de renombre (su segundo libro, Ward 81, sobre un centro psiquiátrico para mujeres en Oregon, EEUU, lleva prefacio de Milos Forman; el cuarto fue un seguimiento de las Misiones de Caridad de la Madre Teresa en Calcuta.)

Eliot Weinberger escribió una reseña de aquel ensayo fotográfico. Su asunto -una vez más- era la mirada occidental sobre Asia. Después de las leyendas, elucubraciones y sátiras de la India vista desde la Europa medieval, después de la misión de Matteo Ricci en la corte del emperador Wanli, Weinberger escudriñaba una visión más contemporánea.

Esta vez la materia era factual, no legendaria; esta vez no era la corte del emperador sino el barrio de la de la prostitución de Bombay (ahora Mumbai).  

Falkland road no era exactamente Falkland road. El barrio –informaba Weinbenger- está a corta distancia de Bombay Central (la estación de ferrocarriles, lugar de paso de millones) y de la Torre del Silencio, la morgue sagrada de los zoroastrianos.  

Era así como Weinberger, con su inclinación por las grandes narrativas mitológicas, veía esa intersección: “Los tres forman un delta de pasaje: pasión, peregrinación, muerte”.

Una de las diferencias evidentes entre Falkland Road, el barrio, y Falkland Road, el libro, era la miseria del primero y el lujo del segundo. 

La crítica de Weinberger no trata solo de la mirada de Mark sino de la fotografía misma. La fotografía siempre ha sido un intento de capturar la extrañeza: primero de nosotros y nuestro entorno, luego de las regiones y las circunstancias al otro lado de la frontera. De forma generalizada, es un sueño de omnisciencia sin participación: “El sueño de la fotografía: ver todo lo que hay en el mundo: a saludable distancia”.

El fotógrafo como voyeur, en este caso tanto del erotismo como de la miseria. Weinberger señalaba la falta de contexto cultural, político, social, religioso y estético de esas imágenes. Contexto y complejidad: comprensión. En las fotografías de Falkland Road aparecía la nueva mirada occidental: Asia como museo y como bestiario cosmético, no como realidad viva. (Un ejemplo a contracorriente es el trabajo que el fotógrafo E.J. Bellock realizó en los prostíbulos de Storyville, en Nueva Orleans circa 1912.)

Había demasiadas omisiones en esa mirada: “En estas fotografías siempre sentimos a Mark como una extraña, ajena a la tensión producida por el choque cultural y que podría dar como resultado un trabajo más interesante. Sentimos, en cambio, una lejanía simple y adormecida. El efecto es apabullante: la prostituta, ejemplo extremo de la persona como objeto sexual, aparece convertida aún más en objeto”.

No es difícil ver en esa “lejanía simple y adormecida” uno de los rasgos de lo que Edward Said famosamente bautizó como orientalismo: una mirada ajena que no se acepta tal, un embellecimiento pretendidamente humanitario (o no) de los retratados. Las fotografías de Mary Ellen Mark eran una imagen del erotismo contemporáneo indio, a la vez borderline, domesticado e inocuo.

Así describía Weinberger la portada de Falkland Road: “Es una fotografía de revista de modas: la mujer está que corta la respiración, pero vacía; mira a la cámara y a nosotros con la altivez y la hostilidad de las modelos; no revela nada”.  

El mundo visto como extensión no declarada de nuestros sueños (pesadillas incluidas) y ventanas: una forma de escondernos y de borrarlo.

Cómo nos hemos acostumbrado.