Del inmenso Canetti, en su Masa y poder: “Puede definirse la inflación como un
aquelarre de la devaluación en el que los hombres y la unidad monetaria
confluyen de la manera más extraña. Acaban siendo intercambiables, el hombre se
siente tan mal como el dinero, que está cada vez peor; los hombres todos,
juntos, se hallan a merced del mal dinero, y juntos también se siente
igualmente devaluados”.
“Ninguna devaluación súbita de la
persona se olvida jamás: es demasiado dolorosa. Uno la arrastra consigo durante
toda la vida, a no ser que se pueda endilgársela a otro. Pero tampoco la masa
como tal olvida su devaluación. La tendencia natural es entonces buscar algo
que valga aún menos que uno mismo, que podemos despreciar de la misma manera
como fuimos despreciados (…) Como objeto de esta tendencia Hitler encontró
durante la inflación alemana a los judíos”.
“En el tratamento dado a los judíos
el nacionalsocialismo repitió con total exactitud el proceso de la inflación. Primero
los atacó como malos y peligrosos, como enemigos; luego los desvalorizó más y
más; como no tenía suficientes judíos, fue a buscarlos a los países
conquistados y al final los consideró literalmente como bichos (Ungenziefer) a
los que podía exterminar impunemente por millones”.