Recuerdo un día en Granada, hace algunos años. El Alhambra sonaba con todos sus colores y fuentes. La luz entraba como mil lenguas por las celosías de piedra. Nadie nos veía desde fuera pero oíamos el mundo o sus ecos. El Alhambra no me pareció solo una suntuosa imagen de poder sino un instrumento musical.
La distancia entre aquella música y este sangrero. Todas esas voces acalladas.