sábado, 31 de agosto de 2013

Pasa una sombra

George Steiner fue uno de los primeros comentaristas anglosajones de Walter Benjamin. En “El marxismo y el crítico literario”, un ensayo de 1958 recogido em Lenguaje y silencio, lo menciona con elogio entre los críticos paramarxistas, aquellos influenciados pero no serviles a las teorías literarias del marxismo. Tanto como su heterodoxia -en realidad íntimamente ligada a ella- lo que Steiner apreciaba en Benjamin era la importancia dada al lenguaje. Más que en cualquier otro crítico marxista –escribió- la textura del lenguaje poético precede y determina los contornos de la imaginación. La poesía le importaba más que el partido.

Sería interesante comparar el pensamiento de Steiner con el de sus predecesores frankurtianos. Él mismo parece una figura entre Thomas Mann, T.W. Adorno y el mismo Benjamin, más la levedad irónica y la desenfadada llaneza de algunos pensadores anglosajones. Hay menos atención a la economía en Steiner, mucho más interés por la pesquisa científica. Allí donde un Adorno entra con altivo aire marcial en la discusión contemporánea, Steiner se considera un cartero entre los grandes creadores y los lectores comunes. Mientras Benjamin veneraba a Gide y los surrealistas, Steiner apuesta por Joyce, “puente entre los dos grandes mundos del clasicismo y el caos”.

Hace poco recobré mi ejemplar de Lenguaje y silencio, uno de mis libros más queridos de la universidad. Sigue diciendo lo mismo, aunque yo lo lea de otra forma. Si antes pensaba que Steiner era hombre de bibliotecas, ahora creo que es también un habitante de cafés. Lenguaje y silencio puede ser leído, de hecho, como una filosófica, atribulada y políglota conversación de café por donde pasa rauda la sombra de Walter Benjamin. Yo apenas la recordaba.