domingo, 25 de marzo de 2012

Berlin in love

La conoció en San Petersburgo, entonces Leningrado, casi por casualidad. Merodeaba en una librería y alguien le preguntó si la conocía. Increíble que estuviera viva, pensó. Todos los intelectuales y artistas rusos parecían haber muerto bajo la sombra de Stalin. Ese mismo día la visitó, quedó en regresar, pasaron la noche y la mañana conversando. Ajmátova era toda belleza y dolor y pobreza y dignidad. Berlin quedó hechizado.

No menos conmovida, Ajmátova compuso este poema inspirado en aquel encuentro:

Como el canto de una nube,
recuerdo tus palabras,
y por mis palabras para ti,
la noche fue más brillante que el día.

Así, sueltos de la tierra,
nos alzamos, como estrellas.

No había ansiedad ni sonrojos.
No ahora, no después, no entonces.

Pero en la vida real, ahora mismo,
escuchas cómo te llamo.

Y esa puerta que entreabriste
no tengo la fuerza de cerrar.

Los sonidos se apagan en el éter,
y la oscuridad envuelve el polvo.

En un mundo mudo para todo el tiempo,
sólo quedan dos voces: la tuya y la mía.

Y para el sonido del viento del invisible lago Ladoga,
que es casi campana,

el diálogo de madrugada se convirtió en
el delicado resplandor de arcoiris abrazados.

(Traducción del inglés: Jesús Silva-Herzog Márquez)