viernes, 28 de febrero de 2014

Votos y balas

Jesús Silva-Herzog Márquez recuerda el reportaje que Jon Lee Anderson publicó hace un año en The New Yorker, donde el periodista americano se refería a la Torre de David como el símbolo del fracaso urbano caraqueño. Uno de los edficios más altos de América Latina, dice, sin ascensor. Era también (para el autor de El dictador, los demonios y otras crónicas) un símbolo del gobierno chavista, que no solo permitió su ocupación ilegal sino su transformación en uno de los headquarters del crimen de la ciudad. El chavismo ha cobrado esa indulgencia con apoyo incondicional, a menudo violento. No solo votos sino balas. Dice el ensayista mexicano: 
El clientelismo chavista ha tenido, en efecto, ese carácter intimidatorio que seguramente aprendió de Cuba. Venezuela ha instaurado su versión de los Comités de defensa de la revolución. Colectivos armados que se ven como guardianes de una revolución asediada.
Es uno de los rasgos más inquietantes del régimen bolivariano y, en realidad, de la vida pública venezolana.