jueves, 22 de agosto de 2013

Impuestos

En la página del Instituto Fraser, al que he llegado por un artículo de The Economist, encuentro una nota sobre la historia de los impuestos. Su origen se remonta a la antigua Sumeria (grosso modo actual Iraq), dice el articulista Mark Milke. De eso hace seis mil años. Los impuestos llegaron para luchar contra una “guerra feroz” (los perdedores tenían que pagar a los vencedores los costos de la refriega). Una vez finalizada la guerra, los impuestos permanecieron.

Milke menciona dos formas de considerar su papel. Una –la del juez Oliver Wendell Holmes- como “el precio que pagamos por una sociedad civilizada”. Los impuestos son el aporte individual al dinero público. Sirven para pagar policías, jueces, escuelas, legisladores, etc. Son buenas, sin duda, hasta que te estrangulan.

Continúa Milke: “Quizá una mejor perspectiva sobre los impuestos la encontramos en un caballero del siglo XIX, quien dejó clara su idea de que los políticos debían ejercer el control en cuestiones de impuestos y gasto público: “Todo impuesto es una pérdida per se”, dijo. “Es un sagrado deber del gobierno tomar del pueblo solo lo que es necesario para el cumplimiento del servicio público; el cobro de impuestos, de cualquier otra manera, es simplemente robo legalizado”.

La medida es: lo necesario para el servicio público. Más allá (pero antes hay que definir esa frontera), los Estados se convierten en ladrones más o menos constitucionales. Más acá, lo público se desintegra o fractura.