En 2004 George Steiner dio en Amsterdam una
conferencia sobre la
idea de Europa. Lo que Steiner llama idea en realidad es un penetrante elogio con una no menos sagaz advertencia. Europa -venía a decir- era continente de espacios e
instituciones cívicas: para el encuentro y la conversación, el recogimiento y el
caminar, el reconocimiento intelectual y la memoria. También es continente de recurrentes violencias y con un aguzado sentido del fin.
En 2004 estaba yo–of all places- en Amsterdam. Me perdí
la lección del maestro, lo reconozco, pero no es difícil comprobar en
retrospectiva algunas de sus caracterizaciones. La Europa de Steiner está todavía a la vista: libertad, pluralidad de mundos, viajes más o menos caminados, cafés, bares, algunas mujeres.
En cuanto al sentido
apocalíptico de la vida, de tan recurrente presencia en el pensamiento y la conciencia europeos. En noviembre de 2004 fue asesinado el documentalista Theo Van Gogh por un terrorista islámico. Ese mismo año ocurrieron los atentados también islamistas de
Madrid y al año siguiente los de Londres. El nacionalismo, como se sabe, nunca se ha ido. La izquierda filotiránica tampoco. Entonces no se vislumbraba la crisis
económica (el último Apocalipsis), pero ya los ánimos no estaban para muchas fiestas. Pero las fiestas (me
consta) continuaron.
También es cierto que en Europa hay mucha gente bruta.