Leo revistas atrasadas, entre ellas el número de enero de la brasileña Piauí.
Hay un ensayo simpático y erudito de Alan Pauls sobre las relaciones entre sexo
y playa. Termino con la
impresión de que me gusta ver más cuerpos playeros que Pauls. Mi necesidad de
sábanas limpias para el sexo es bastante menos acentuada que la suya. Lo que sí
comparto es el fervor por las películas de Rohmer, experto en amores veraniegos. Me ha dado ganas de
volver a ver lo visto y ver lo no visto. Una línea: “No es el sur, no es el
Mediterráneo, no son las orlas chic los que aparecen en las películas de Rohmer
(y cuando surgen como Biarritz en El Rayo verde, son planas, sin
brillo ni seducción), y sí las playas comunes de Normandía o de Bretaña, tan
impersonales, tan carentes de color local y de glamour como una colonia
vacacional del sindicato general de adolescentes”. Playas un poco onettianas, si las hay.