jueves, 27 de febrero de 2014

Dyer a la escucha

Lester Young –la sombra de Lester Young- en un hotel de quinta categoría. Acompañado por la droga, el alchohol, la soledad y su instrumento. Perseguido por su memoria: el trauma del ejército, de la pobreza, del racismo. Young cansado: un presidente (así lo llamaban sus colegas: Pres) sin poder. Geoff Dyer se detiene en una fotografía de los últimos años del saxofonista de Woodville, Mississipi para contar una historia de desposesión y ruina afectiva. Lo mira de cerca, con simpatía, admiración, piedad. Es así como se acerca a los otros músicos del libro –me refiero a But beautiful, publicado originalmente en 1991 y cuya versión brasileña tengo ahora entre las manos- pero por Young muestra además algo como una amistad sin reservas. Le pasa con Ellington ("la más fértil de las fuentes"), con Monk y Webster, tal vez no con Mingus (que no se deja). De Young dice: “El sonido de Lester era tenue y perezoso, pero siempre contenía, en algún lugar, algo cortante”. Entre el blues y el jazz, Young camina con paso tranquilo por un puente deshecho.    

Del paso de Lester Young por el ejército Dyer escribe páginas dramáticas. Allí le prohibieron tocar su instrumento ("El ejército era la negación de la melodía"). Una Corte Militar -eran los años de la guerra en Europa- lo condenó a un año de prisión por alcohólico, mariguanero y por su propensión a no tener residencia fija. 

“Mil novecientos cincuenta y siete, ese fue el año en que Pres se había destrozado completamente y acabó en el Kings Country Hospital. Después de eso fue para el Alvin Hotel y perdió interés por todo, salvo en asomarse por la ventana y pensar en cómo el mundo era, para él, demasiado sucio, duro, ruidoso y cruel”.

Puede parecer un retrato acostumbrado del músico de jazz como chamán artístico y fracasado profesional. No lo es, por el simple hecho de que el fracaso no era una pose para los paparazzi sino un destino cierto en la mayoría de estos hombres. Lo fue en Young y en su entrañable Billie Holiday, en muchos otros. 

Dyer tiene la clave para verlo de cerca sin compasión fácil, sin imponerse, como quien escucha.