Comienzo a leer Las cataratas, el último libro de Eliot Weinberger en español. Azúa dijo a propósito del autor: "Su refinada erudición pone en evidencia, artículo tras artículo, que los saberes humanos son una muestra inequívoca de infantilismo, casi siempre criminal". Es sin duda una de las grandes obsesiones de Weinberger: en cada disciplina humanística y estética -para no hablar de los oficios de la fe- hay demasiadas veces sangre, no solo la propia sino sobre todo la de otros. No siempre, repite, de forma voluntaria.
El primer ensayo de Las cataratas es el que le da nombre al libro. Se trata de una dispar genealogía del racismo, o más bien: una genealogía de la genealogía. Escribe Weinberger: "Origen es destino: una idea que nunca desaparece". Lo dice como quien ha descubierto -casi sin querer- una verdad en apariencia inofensiva pero históricamente mortífera. En nombre del origen -étnico, religioso, mítico o político- se han dicho y cometido unas cuantas barbaridades. Ocurre cada cierto tiempo que la fantasmagoría sea la principal escritura del poder.
El primer ensayo de Las cataratas es el que le da nombre al libro. Se trata de una dispar genealogía del racismo, o más bien: una genealogía de la genealogía. Escribe Weinberger: "Origen es destino: una idea que nunca desaparece". Lo dice como quien ha descubierto -casi sin querer- una verdad en apariencia inofensiva pero históricamente mortífera. En nombre del origen -étnico, religioso, mítico o político- se han dicho y cometido unas cuantas barbaridades. Ocurre cada cierto tiempo que la fantasmagoría sea la principal escritura del poder.