Vengo de ver
Lolita, versión Kubrick. Es la segunda vez que la veo,
no recordaba muchas cosas. Ayer pensaba sobre lo que nos hace leer un libro
o ver una película cuya trama ya conocemos. Se me ocurría que era como bañarse en el
mar o hacer el amor: por placer, por juego, porque sí. Hoy pensé: es que olvidamos detalles. Esos
detalles vuelven a la memoria con una fuerza que antes quizá no tuvieron. Sentí eso al ver mi admirada Lolita, de nuevo.