Volvemos a Proust. Gide esboza la descripción ya en vías
de volverse clásica, de este cuarto de enfermo, de este enfermo que sumergido
en la penumbra de un apartamento cuyos muros tapiados de corcho formaban un recinto
contra el ruido –incluso las ventanas estaban almohadilladas-, no recibía sino
a unos pocos visitantes, y en su cama, rodeado de pedazos de papel garabateados
por todos lados, escribía sin apoyo, escribía sin parar, y en lugar de leer pruebas
las sobrecargaba de añadidos, mucho más
que Balzac.
-Walter Benjamin, "Conversación con Gide".