Una terapéutica
En "Bajo el signo de Saturno", su largo ensayo sobre Walter Benjamin, Susan Sontag escribió: "La tarea ética del escritor
moderno no
es ser creador sino destructor: destructor de la introspección superficial, de
la idea consoladora de lo universalmente humano, de la creatividad del
aficionado y de las frases vacías".
El sello de lo humano
Félix de Azúa: "La
vida de Benjamin, como su obra, tiene el sello de lo propiamente humano desnudo
de toda arrogancia: la búsqueda infatigable de alguna certeza, la fascinación
de lo novedoso, el respeto por lo pasado, la seducción de la utopía, el no
menos engañoso atractivo de la trascendencia, el cavilar premioso de la
filosofía junto con la estampida poética. Sus escritos son a veces
cegadoramente lúcidos e inmediatos, pero en no pocas ocasiones tienen la
opacidad de la poesía moderna y son apenas comprensibles. De manera que todo en
Benjamin, vida y obra, es incoherente y caótico, pero también es la mejor
cabeza que ha pensado sobre la incoherencia y el caos de nuestro tiempo".
La vacuna contra las ortodoxias
Sergio Raúl Arroyo: "A través de Los pasajes se percibe el
aura de la prosa baudeleriana, el ceremonial luctuoso del barroco, la rebelión
romántica y el vértigo de las vanguardias. Las
ciudades son vastos depósitos de historia que pueden ser leídos como un libro
si se cuenta con un código apropiado; son como sueños colectivos cuyo contenido
latente se puede descifrar; espacios simbólicos a los que Jung y los
surrealistas se habían asomado incipientemente. Los pasajes son cruceros no
sólo de transeúntes y cosas, sino de pensamientos y voluntades con múltiples
orígenes. Es justamente ahí, en este
eclecticismo, donde Benjamin encuentra la vacuna contra las ortodoxias".