No escatimó cumplidos a su país natal: «Chile ya no
es país de poetas. Hoy difícilmente a un par de poetas chilenos se les
ocurriría hacer una antología de la poesía contemporánea en lengua española en
donde los chilenos coparan más de la mitad de las páginas. Esa soberana
ignorancia, ese provincianismo amatonado hoy es patrimonio exclusivo de la
narrativa chilena». Se puede decir de mil países.
Esto repite cada vez que escribe sobre un poeta o narrador o cronista que le entusiasma: el poeta es el que abre los ojos en el abismo, el que se arriesga allí donde otros huyen despavoridos. No sé si a muchos otros le hubiese quedado tan bien el recurso, la insistencia, el lema. Bolaño lo dice con una bocina de circo felliniano que enamora.
No fue, pues, un escritor de nostalgias ni de denuncia sino de extravíos y descubrimientos. Exilio y literatura son casi sinónimos, escribió. El exilio no te encumbra, te empequeñece, te da tu verdadera altura. Como la literatura, cuando es aventura y verdad. Entonces hay que explorar el territorio, volver al lugar del crimen, ver de frente a los fantasmas, contar las pesadillas.
La política, para Bolaño, fue el gore explicado a los poetas. Su obra podría verse como una larga, borderline y muy politizada Vida de los poetas latinoamericanos, apócrifos y no. En su obra hay no solo poetas sino asesinos, y unos cuantos poetas asesinos. Detectives salvajes, unos pocos. Él mismo quiso serlo.
Lo más apasionante para mí de sus notas de lectura es su relación con los poetas chilenos, con los poetas latinoamericanos, con los cuentistas y novelistas europeos o norteamericanos, con la poesía y la ficción. Hay en Bolaño, no diré un patriota, pero sí un delicado jacobino de la República de las Letras. Para el escritor de verdad -escribió en el espléndido "Literatura y exilio"- la patria es su biblioteca, una biblioteca que puede estar en estanterías o en su memoria. No extraña que su escritor más mentado, la mecha continua en su cuarto de lectura haya sido Borges.
La política, para Bolaño, fue el gore explicado a los poetas. Su obra podría verse como una larga, borderline y muy politizada Vida de los poetas latinoamericanos, apócrifos y no. En su obra hay no solo poetas sino asesinos, y unos cuantos poetas asesinos. Detectives salvajes, unos pocos. Él mismo quiso serlo.
Lo más apasionante para mí de sus notas de lectura es su relación con los poetas chilenos, con los poetas latinoamericanos, con los cuentistas y novelistas europeos o norteamericanos, con la poesía y la ficción. Hay en Bolaño, no diré un patriota, pero sí un delicado jacobino de la República de las Letras. Para el escritor de verdad -escribió en el espléndido "Literatura y exilio"- la patria es su biblioteca, una biblioteca que puede estar en estanterías o en su memoria. No extraña que su escritor más mentado, la mecha continua en su cuarto de lectura haya sido Borges.
Esto repite cada vez que escribe sobre un poeta o narrador o cronista que le entusiasma: el poeta es el que abre los ojos en el abismo, el que se arriesga allí donde otros huyen despavoridos. No sé si a muchos otros le hubiese quedado tan bien el recurso, la insistencia, el lema. Bolaño lo dice con una bocina de circo felliniano que enamora.
Tenemos: el que mejor abrió los ojos, el Detective Principal, fue Borges. Hay en Entre paréntesis al menos dos o tres buenos artículos sobre Borges, amén de muchas otras alusiones encendidas. Para Bolaño, el antípoda borgiano, el otro posible iniciador de la literatura contemporánea en español, fue Roberto Arlt. En esa cruza porteña Bolaño ve una genealogía en perspectiva: "El tiempo los ha juntado y los ha vuelto a juntar para siempre. Pero entonces uno de los dos se sumergió en el vértigo y el otro en la búsqueda de la palabra. Del vértigo de Arlt nació la utopía en su estado más demencial: una historia de pistoleros tristes que prefiguraba, del mismo modo que Abadón el exterminador, de Sábato, el horror que mucho tiempo después se cerniría sobre la república y sobre el continente. De la búsqueda de la palabra surgió una paciencia y una modesta certidumbre en la felicidad de la literatura".
En Bolaño se encontraron la modesta certidumbre y el vértigo, no tengo claro lo de la paciencia.
En Bolaño se encontraron la modesta certidumbre y el vértigo, no tengo claro lo de la paciencia.