"Mis ideas -decía Isaiah Berlin- son muy inglesas. Me las he jugado con Inglaterra. Es el mejor país del mundo". Perry Anderson, quien cita esta declaración patriótica, no le creía del todo. Las ideas de Berlin, argüía, eran algo más que moneda inglesa. Pero quizá no sea falso que se le ha leído más y mejor en climas fríos.
No puede decirse que fuese un pensador provinciano. No en términos geográficos: los pensadores estudiados por Isaiah Berlin son casi un censo de la historia intelectual europea. No de un modo didáctico o facilón: en Berlin la historia del pensamiento occidental se convierte en una continua sesión parlamentaria. Occidente es su ámbito. Es cierto que las veces que se refirió a otros continentes -América Latina incluida- fue para ilustrar alguna discusión europea.
Jesús Silva-Herzog Márquez entiende que ésta es una de las limitaciones de su pensamiento. En un viaje a México, refiere el ensayista mexicano, Berlin queda deslumbrado por la vegetación del país y desconcertado por su paisaje humano. La mirada en los ojos de la gente, le escribió a un amigo, me aterró. Le gustaba México, pero no volvería ni loco. Comenta Silva-Herzog: "Al parecer, el botánico dictamina que la planta inglesa no puede trasplantarse a cualquier parte. Para aclimatarse, la libertad necesita una historia de tolerancia y una cultura de paz. Liberalismo para el hombre rico, salta Hitchens: liberalismo para los que no lo necesitan".
Creo que hay que tomarse con menos susceptibilidad las declaraciones del Berlin patriota y las impresiones del Berlin turista. En ellas, entre biempensantes y amigos, el profesor se permitía la arbitrariedad y el exabrupto que en sus textos apenas asoma. Su orgullo por formar parte de un país donde la cultura liberal había encontrado esplendor tampoco me resulta particularmente ofensivo. Jugárselas por Inglaterra, en sus términos, era marcar un límite para su propio pensamiento. La anglofilia de Berlín -se ha dicho- podría verse como un acto generoso de asimilación. Nunca dejó -dicen sus comentaristas- de ser un poco extranjero en Inglaterra. Ya el acento lo delataba.
Aunque las estudió con tanta prodigalidad, no se pueden buscar todas las verdades en Berlin. Ni en nadie. Es una de sus enseñanzas.
No puede decirse que fuese un pensador provinciano. No en términos geográficos: los pensadores estudiados por Isaiah Berlin son casi un censo de la historia intelectual europea. No de un modo didáctico o facilón: en Berlin la historia del pensamiento occidental se convierte en una continua sesión parlamentaria. Occidente es su ámbito. Es cierto que las veces que se refirió a otros continentes -América Latina incluida- fue para ilustrar alguna discusión europea.
Jesús Silva-Herzog Márquez entiende que ésta es una de las limitaciones de su pensamiento. En un viaje a México, refiere el ensayista mexicano, Berlin queda deslumbrado por la vegetación del país y desconcertado por su paisaje humano. La mirada en los ojos de la gente, le escribió a un amigo, me aterró. Le gustaba México, pero no volvería ni loco. Comenta Silva-Herzog: "Al parecer, el botánico dictamina que la planta inglesa no puede trasplantarse a cualquier parte. Para aclimatarse, la libertad necesita una historia de tolerancia y una cultura de paz. Liberalismo para el hombre rico, salta Hitchens: liberalismo para los que no lo necesitan".
Creo que hay que tomarse con menos susceptibilidad las declaraciones del Berlin patriota y las impresiones del Berlin turista. En ellas, entre biempensantes y amigos, el profesor se permitía la arbitrariedad y el exabrupto que en sus textos apenas asoma. Su orgullo por formar parte de un país donde la cultura liberal había encontrado esplendor tampoco me resulta particularmente ofensivo. Jugárselas por Inglaterra, en sus términos, era marcar un límite para su propio pensamiento. La anglofilia de Berlín -se ha dicho- podría verse como un acto generoso de asimilación. Nunca dejó -dicen sus comentaristas- de ser un poco extranjero en Inglaterra. Ya el acento lo delataba.
Aunque las estudió con tanta prodigalidad, no se pueden buscar todas las verdades en Berlin. Ni en nadie. Es una de sus enseñanzas.