El caso de Orlando Zapata produjo en España una querella política, iba a decir gremial. Un actor convertido en activista no sólo dijo que Cuba era un modelo para muchos países sino que los famélicos huelguistas eran delincuentes comunes. Bosé, por su lado, pontificó sobre la universalidad de la represión: en la Valencia española igual que en la Cuba de los Castro. Tanto ha sido el descaro y la fatuidad de este par de genios políticos, que otros han tenido a bien dar la cara. De algunos, como Almodóvar, era de esperar: el castrismo nunca ha sido lo suyo, thank God. En otros, como Víctor Manuel y Ana Belén, el gesto tiene una importancia más dramática y hasta patética: son viejos castristas arrepentidos.
Para la izquierda comunista (o unida), lo de Cuba o no tiene nada que ver con España o apenas se diferencia de lo que ocurre en otras partes del mundo, incluida la mismísima Península. Además, el embargo, Guantánamo, etc. Todo lo que sirva para difuminar la relevancia de los hechos es bienvenido. Cierto, los acusadores de los necios a menudo cultivan el oportunismo. Aunque estaba en pleno desacuerdo con sus declaraciones, Juan Cruz reclamó respeto para Toledo y criticó lo que considera un linchamiento mediático. Cruz, sin embargo, no dice nada sobre la lamentable, no menos oportunista mansedumbre del gobierno socialista con esta isla sin salida (todavía más con Venezuela, pero ésa es otra voz).
Tanto para la derecha como para la izquierda españolas, lo malo viene siempre de fuera. ¿No ha sido siempre así, en todas partes y en grados diferentes? Por eso el gesto de Almodóvar y amigos es un mínimo reparo al maniqueísmo triunfante. Mejor que ese gesto, es la reflexión que Muñoz Molina publicó el sábado en Babelia, elegante crítica a los amigos de las tiranías.
Para la izquierda comunista (o unida), lo de Cuba o no tiene nada que ver con España o apenas se diferencia de lo que ocurre en otras partes del mundo, incluida la mismísima Península. Además, el embargo, Guantánamo, etc. Todo lo que sirva para difuminar la relevancia de los hechos es bienvenido. Cierto, los acusadores de los necios a menudo cultivan el oportunismo. Aunque estaba en pleno desacuerdo con sus declaraciones, Juan Cruz reclamó respeto para Toledo y criticó lo que considera un linchamiento mediático. Cruz, sin embargo, no dice nada sobre la lamentable, no menos oportunista mansedumbre del gobierno socialista con esta isla sin salida (todavía más con Venezuela, pero ésa es otra voz).
Tanto para la derecha como para la izquierda españolas, lo malo viene siempre de fuera. ¿No ha sido siempre así, en todas partes y en grados diferentes? Por eso el gesto de Almodóvar y amigos es un mínimo reparo al maniqueísmo triunfante. Mejor que ese gesto, es la reflexión que Muñoz Molina publicó el sábado en Babelia, elegante crítica a los amigos de las tiranías.