lunes, 28 de diciembre de 2009

Cantando eu mando a tristeza embora

Uno de los discos que más escuché en 2009 fue el de Gal Costa: Live at the Blue note, grabado en 2006. Su versión de Chega de saudade es tal vez mi favorita, en todo caso a la que le soy más fiel. ¿Hay una mejor propuesta amorosa que esa que dice "Pois há menos peixinhos a nadar no mar / do que os beijinhos que eu darei na sua boca"? Parte de su encanto, claro, es que es una promesa o una reminiscencia o las dos cosas. Gal -porque es más Gal que Costa- tiene el delicioso guiño de versionar en su disco una linda canción de Chet Baker, otro de mis aparecidos del año: I fall in love too easily. Creo que Jobim, João Gilberto y Vinícius de Moraes hubiesen suscrito y entonado con amplia sonrisa esa canción. Es con ese jazz, el de la costa Oeste, lírico y cálido, con el que se emparenta el Bossa Nova. El sentimiento no como ideología sino -diría Cabrera Infante- como exorcismo de estilo o de estío.

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Entiendo que unas cuantas religiones ven la repetición como el tiempo exacto de la liturgia. Yo no soy religioso pero sí litúrgico. Por ejemplo, soy capaz de escuchar una misma música mil veces al día. ¿Cuántas veces he escuchado la evangélicamente festiva "When the saints go marchin' in" de Fats Domino, o la arrebatadora "Soul street" de James Carter? A la "Remembering" de Avishai Cohen vuelvo cada vez que quiero un momento íntimo como cuatro paredes de corcho. Hay celdas que no son de castigo.

Tengo temporadas. ¿Reflejo de mis estados de ánimo, de mis descubrimientos, de la casualidad? Todo y a la vez nada de eso. La música, se ha dicho, crea una memoria que nunca existió. Asocio muchos momentos sólo con música. Mi temporada operática, ahora que estamos, comenzó con “Una furtiva lagrima” de Gaetano Donizetti. Hay muchas versiones: entre ellas, la de Pavarotti, más bien empalagosa; la de Gigli, oracular. Pero Carusso es quien la canta en Match point, cuando Scarlett Johansson, que es como decir el amor, está a punto de morir.

Piezas sueltas, sí. Muchas veces, un disco. Como si fuese algo finito (con forma) e infinito (sin tiempo, con su tiempo). Escuchar música como una forma no sólo de ruido sino de silencio, ese otro nombre de la atención.

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Decía Cioran: "Sin Bach, Dios sería un tipo de tercera categoría".  Amén.