Cabrera Infante sobre Lolita (1982):
Desde que leí Historia universal de la infamia, en 1947, y descubrí a Borges como otro planeta, orbis tertius, ningún escritor había sido una fuente de regocijo igual y una confirmación de que toda literatura será juego o no será. Un juego de placer como el sexo, y casi tan vital. Un juego metafisico como el ajedrez y casi tan letal. Un juego de solazar. Fêtes vos jeux, mesdames et messieurs. Leer a Nabokov era como escribir en inglés: un juego que yo no podía jugar con Joyce o con Lewis Carroll o con Sterne o con Mark Twain, nacidos en el idioma, pero podía jugar con Nabokov y su ruleta rusa de azar.