Vuelvo a Coetzee, esta vez al Diario
de un mal año, de 2007. No me deslumbró, pero es una novela donde por momentos asoma la potencia narrativa y sobre todo intelectual de Coetzee.
Tiene tres subtramas: los artículos en su mayoría políticos de un anciano novelista sudafricano residente en Australia, sus pensamientos acerca de Anya –la vecina desempleada de culo hermoso, ahora su secretaria a destajo-, y los pensamientos de ella acerca de su relación con el solitario inversor Alan, de pronto obsesionado con las contundentes opiniones del escritor sudafricano...El “mal año” transcurre entre septiembre de 2005 y mayo de 2006.
Mis pasajes preferidos son los ensayos del escritor expatriado, debidamente mecanografiados, a veces corregidos y comentados por la atenta Anya.
Me interesó en particular un pasaje sobre los orígenes del estado, que trae a su vez una reflexión sobre el origen de los impuestos a propósito de una película de Kurosawa.
Fantasía kurosawana, según Coetzee: un mundo sin estado es un mundo sin impuestos, un mundo sin súbditos, ni depredadores, ni parásitos. Una tierra –en realidad una aldea- en que los siete heroicos samuráis acatan a los sufridos aldeanos. También quizá una aldea sin ley, que según el personaje, es apenas la escritura impositiva de quienes detentan el poder.
Esa misma idea o ficción es, como no deja de notar el escritor, uno de los recursos más socorridos de depredadores y parásitos.
Coetzee -o es su personaje- escribió estas reflexiones a la sombra de la guerra de Irak.
Tiene tres subtramas: los artículos en su mayoría políticos de un anciano novelista sudafricano residente en Australia, sus pensamientos acerca de Anya –la vecina desempleada de culo hermoso, ahora su secretaria a destajo-, y los pensamientos de ella acerca de su relación con el solitario inversor Alan, de pronto obsesionado con las contundentes opiniones del escritor sudafricano...El “mal año” transcurre entre septiembre de 2005 y mayo de 2006.
Mis pasajes preferidos son los ensayos del escritor expatriado, debidamente mecanografiados, a veces corregidos y comentados por la atenta Anya.
Me interesó en particular un pasaje sobre los orígenes del estado, que trae a su vez una reflexión sobre el origen de los impuestos a propósito de una película de Kurosawa.
Fantasía kurosawana, según Coetzee: un mundo sin estado es un mundo sin impuestos, un mundo sin súbditos, ni depredadores, ni parásitos. Una tierra –en realidad una aldea- en que los siete heroicos samuráis acatan a los sufridos aldeanos. También quizá una aldea sin ley, que según el personaje, es apenas la escritura impositiva de quienes detentan el poder.
Esa misma idea o ficción es, como no deja de notar el escritor, uno de los recursos más socorridos de depredadores y parásitos.
Coetzee -o es su personaje- escribió estas reflexiones a la sombra de la guerra de Irak.