domingo, 21 de julio de 2013

Sátrapas muy humanitarios

Jorge Arreaza ha ido a China y se ha declarado a favor del asilo a Edward Snowden. No sin el acostumbrado baño de prosopopeya patriótica: "Mal podríamos nosotros, los hijos de Bolívar, que luchó contra todos los imperios, dejar a un individuo, de los 6.000 millones de habitantes que hay en esta tierra, que es perseguido por todos los imperios al mismo tiempo, también a la deriva". Hasta hace poco, cualquier venezolano sabía antes de nacer que Bolívar no luchó contra “todos los imperios” sino contra el imperio español, imagen fundacional de todos nuestros males. Como Bolívar se ha convertido en un monigote histórico a la medida del régimen venezolano, el viejo enemigo se ha multiplicado de forma no menos fantasmal. Tal vez el debutante vicepresidente de Venezuela haya querido impresionar a los chinos, difícil vislumbrar con cuál fortuna. Arreaza sabe en todo caso que su oferta no tiene consecuencias: Snowden no saldrá del aeropuerto de Moscú sin la ayuda de Putin, ese espía veterano que no se cansa de brindar por el Estado de Derecho. No es Venezuela (digámoslo piadosamente) la que lleva la voz cantante.

Snowden escogió un enemigo paranoide y unos amigos grotescos. Al primero lo ha denunciado con ingenua valentía, a los segundos les ha agradecido su infinita generosidad. Sobre la paranoia acrítica y muy activa del gobierno americano, no han sido pocos los grupos de derechos humanos que han llamado a que se le garantice el debido proceso al fugitivo. Para eso, desde luego, es necesario que Snowden encare la justicia americana y reconozca la ley cuya transgresión por parte del Estado ha señalado. Si Snowden va a juicio, los responsables de la Agencia Nacional de Seguridad (y de paso sus informantes, Google entre ellos) no se podrán hacer los locos tan fácilmente.

A propósito de sus amigos. Si un día Snowden llega a Venezuela, o a Ecuador, o si obtiene el asilo de Rusia, es posible que se vea obligado a decir que los políticos y periodistas y simples ciudadanos perseguidos en esos países se lo tienen bien merecido. Tendrá que lamerle el culo –ya discretamente lo ha hecho- a los sátrapas dizque humanitarios del mundo, tipo Putin o Maduro. Daría –no a todos, lo sé- pena.