domingo, 10 de enero de 2010

Victor Segalen: tres Estelas

Segalen (1878-1919) fue no sólo un poeta viajero sino uno converso: ir a China fue para él no tanto una exploración histórica sino una educación sentimental y estética. Encontró una simbología, un tono y unos personajes. Un viaje en busca de máscaras. Mis Estelas favoritas son las de la amistad y las de la guerra. Poesía de la delicadeza y de la furia.


Escrito con sangre

Estamos en el límite. Nos comimos a nuestros caballos, a nuestros pájaros, a las ratas y a las mujeres. Y tenemos hambre todavía.

Los atacantes obstruyen las almenas. Son más de cuatro millares; nosotros, menos de cuatrocientos.

Ya no podemos tensar nuestros arcos ni lanzar injurias sobre ellos; sólo rechinar los dientes con ganas de devorarlos.

O

Estamos de verdad en el confín. Que el Emperador, si se digna a leer estas líneas de sangre, no se reproche nuestros cadáveres.

Pero que no evoque nuestros espíritus: queremos convertirnos en demonios, y de la peor especie:

¡Por puro gusto de morder siempre y de devorar a esa gente!


Vampiro

Amigo, amigo, he puesto tu cuerpo en un ataúd de
bello barniz rojo que me ha costado mucho dinero;

He llevado tu alma, con su nombre familiar, al altar de mis cuidados;

Pero más no puedo ocuparme de tu persona: “Tratar al que vive
como muerto, ¡qué falta de humanidad!

Tratar al que ha muerto como vivo, ¡qué falta de criterio!
¡Qué riesgo de formar un ser equívoco!”

O

Amigo, amigo, a pesar de los preceptos, no puedo abandonarte.
Formaré pues un ser equívoco: ni genio ni muerto ni vivo.
Escúchame:

Si te provoca todavía sorber la vida de dulce sabor,
de ásperas especias;

Si quieres seducir, aspirar en tu pecho y temblar
bajo tu piel, escúchame:

Conviértete en mi Vampiro, y cada noche, sin obstáculos y sin
prisa, llénate del cálido licor de mi corazón.


Al Demonio secreto

El pueblo, sin perplejidad, venera. Aclama, invoca
o repudia. Ofrece tres, o seis, o nueve genuflexiones.
Funda su respeto en competencias, atributos,
gracias que considera justas.

Pues conoce con precisión los gustos del genio del atrio; los
dieciocho nombres del mono que da la lluvia; la cocción
del oro comestible y de la dicha.

O
¿Con qué ceremonias honrar a este demonio que habita en mí,
que me envuelve y me traspasa? ¿Con qué ceremonias beneficiosas
o maléficas?

¿Batiré palmas en señal de respeto o quemaré
los olores infectos para que huya?

¿Con qué palabras injuriosas o gloriosas tratarlo en mi veneración
cotidiana? ¿Es el Consejero, el Divino, el Perseguidor, el Maligno?

¿O bien Padre o gran Amigo fiel?

O

He intentado todo eso y permanece, él mismo en su diversidad.
Pues es necesario, oh Sin Figura, que no huyas de mí, a quien habitas.

Ya que no he podido atraparte ni odiarte, recibe mis honores secretos.

(Trad: LR).