
Si alguna vez se me aparece el fantasma del poeta israelí Yehuda Amijái, me gustaría invitarle a un bagel con salmón y queso crema. En su defecto, uno de ensalada de atún, como el que preparan en cierta bagel-shop de Amsterdam. Espero tenga hambre. Si lo veo contento, tal vez lo convide a un cognac o un tinto (no sé porqué creo que preferirá uno español a uno francés). ¿Tendrá la sed necesaria para querer compartir alguna confidencia, entusiasmo o desazón alrededor de un trago? ¿Me regalará algún disparate perfecto, litúrgico? Es decir, ¿se parecerá su fantasma a su poesía? Ojalá tenga yo suficiente dinero para el convite.
Antes que llegue el momento, como una invocación que también es una aparición, transcribo uno de sus poemas en esta página. La traducción del hebreo es de Claudia Kerik.
Antes que llegue el momento, como una invocación que también es una aparición, transcribo uno de sus poemas en esta página. La traducción del hebreo es de Claudia Kerik.
Durante nuestro amor se completaron casas
Durante nuestro amor se completaron casas
y alguien, que no sabía,
aprendió a tocar la flauta. Sus escalas
suben y bajan. Puede oírselas
ahora que ya no nos colmamos el uno al otro
como pájaros a la copa del árbol,
y tú cambias monedas sin cesar
de país en país y de deseo en deseo.
Y no obstante habernos conducido con locura,
parece ahora que no nos desviamos demasiado
de lo establecido y no molestamos al mundo,
a los hombres y su sueño.
Y dentro de poco no quedará ninguno de los dos
para olvidar al otro.